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El origen creativo de mis historias infantiles ilustradas

 De la memoria a la fantasía

¿De dónde nacen las historias infantiles ilustradas? 

Muchas veces pensamos que las ideas aparecen de la nada, como una chispa repentina, pero en realidad se alimentan de experiencias, recuerdos y emociones que vamos acumulando a lo largo de la vida.

En mi caso, el proceso creativo de mis cuentos e ilustraciones infantiles surge de un punto muy personal: mi infancia, los niños de mi entorno y la mirada adulta que combina memoria y fantasía. Cada historia que escribo y luego ilustro es un puente entre lo que fui, lo que viví y lo que imagino.

En este artículo quiero contarte cómo se da ese proceso creativo en mi y cómo un recuerdo o una experiencia cotidiana se transforma en un cuento ilustrado para niños y qué elementos hacen que una historia logre tener vida propia.

Foto de referencia de manos sacudiendo colores

La infancia como semilla de las historias

Cuando me siento a escribir un cuento infantil, lo primero que hago es volver a mi niñez. Esa etapa de la vida está llena de detalles, sensaciones y emociones que con el tiempo solemos olvidar, pero que para un escritor o ilustrador se convierten en un terreno fértil.

Recuerdo los juegos con mis amigos del barrio y del colegio, las tardes de risas, los pequeños miedos que parecían gigantes y la forma en que todo se vivía con intensidad. Esa manera de observar el mundo con ojos de asombro es lo que trato de rescatar cuando creo mis relatos.

Las historias infantiles ilustradas funcionan porque los niños se sienten reflejados en ellas, y esa conexión nace de revivir mi propia infancia y dejar que esos recuerdos se mezclen con lo que quiero transmitir.


Los niños de mi familia como fuente de inspiración.

No solo me baso en mi propia niñez, sino también en lo que observo en los niños de mi familia. Ver cómo juegan, cómo se sorprenden, cómo hacen preguntas o inventan historias espontáneamente me ayuda a mantener fresco el vínculo con la niñez.

Muchas veces, un gesto, una frase ingenua o una ocurrencia divertida se convierten en el germen de una historia. Esas pequeñas anécdotas son oro puro para quien trabaja en literatura infantil, porque permiten crear personajes cercanos, auténticos y llenos de vida.


Una ilustración de uno de mis cuadernos, en donde ilustré mis emociones de adulta.
Una ilustración de uno de mis cuadernos, en donde ilustré mis emociones de adulta.


La mirada adulta y la mezcla con la fantasía

El proceso no se queda solo en la memoria o en la observación. Como adulta, transformo esas vivencias en relatos con estructura, personajes definidos y un mensaje de fondo.

Aquí es donde entra en juego la fantasía. Me gusta tomar una experiencia real y darle un giro mágico. Una casa humilde puede convertirse en un lugar fantástico; una abuela generosa puede recibir un regalo de un ser sobrenatural; un árbol puede esconder un mundo secreto en su interior.
Ese paso de lo real a lo fantástico es lo que hace que la historia infantil ilustrada tenga encanto: los niños reconocen lo cotidiano, pero también se dejan llevar por la magia de lo imposible.     


Ejemplo de un cuento nacido de la experiencia

Uno de mis relatos más queridos nació de conocer a una mujer que abría las puertas de su casa a todos, compartiendo lo poco que tenía con quien lo necesitara.

Tomé esa experiencia real y la transformé en un cuento infantil: "La casa del árbol". En él, la protagonista es una abuela generosa que, tras recibir a un ser fantástico en su hogar, obtiene como recompensa una llave mágica que abre las puertas de una casa maravillosa escondida en un árbol.

En este espacio encantado, siempre hay comida, flores y habitaciones para recibir a quien lo necesite. La historia mezcla el valor real de la solidaridad con un toque de magia que lo vuelve inolvidable para los niños.

Este es solo un ejemplo de cómo un recuerdo real puede convertirse en la base de un relato ilustrado lleno de simbolismo y emoción.


Del recuerdo al cuento ilustrado

El proceso creativo sigue varios pasos:

1. La chispa inicial: un recuerdo, una experiencia vivida o una observación de la infancia.

2. La transformación: convertir ese recuerdo en una historia con un toque de fantasía.

3. La escritura: darle forma a los personajes, al inicio, desarrollo y desenlace del relato.

4. La ilustración mental: mientras escribo, imagino cómo se verán los personajes y escenarios.

5. La creación visual: trasladar esas imágenes al papel, primero en bocetos y luego en digital.

Aunque en este artículo me centro en el nacimiento de la idea y su desarrollo narrativo, el proceso continúa con el storyboard, la planificación de las escenas y finalmente la ilustración completa que dará vida al libro infantil.


El mensaje detrás de cada historia

Más allá de la trama o la fantasía, lo que realmente busco transmitir en mis cuentos son valores y emociones universales: generosidad, amistad, solidaridad, curiosidad, gratitud, etc.

Los niños disfrutan la magia y los mundos inventados, pero lo que realmente queda en ellos es el mensaje que descubren al final de la historia. Esa combinación entre entretenimiento y enseñanza emocional es lo que da profundidad a cada relato ilustrado.


Conclusión

Mis historias infantiles ilustradas no nacen de un simple impulso creativo, sino de una mezcla de experiencias personales, recuerdos de la niñez, observación de los niños actuales y una mirada adulta que transforma todo ello en relatos llenos de fantasía.

Cada cuento es un viaje entre la memoria y la imaginación, donde lo real y lo mágico se entrelazan para dar vida a personajes, mundos y mensajes que buscan llegar al corazón de los niños y de los adultos que los acompañan.

Crear literatura infantil es, para mí, una manera de conservar viva esa chispa de la niñez y de compartirla con las nuevas generaciones a través de palabras e ilustraciones.


























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