Reflexión y estrategias para artistas
El mundo de la ilustración atraviesa un momento de auge como pocas veces antes. Afirmo esto, aun tomando en consideración aquellas afirmaciones que aseguran que la implementación de la inteligencia artificial ha llegado para mermar de alguna manera el trabajo de los artistas.
En los últimos años, el acceso a cursos online, plataformas de autopublicación y redes sociales visuales ha generado una explosión de nuevos artistas que buscan vivir de lo que dibujan. Basta abrir Instagram, TikTok o ArtStation para ver miles de cuentas nuevas cada mes. Cada vez hay más.
Este fenómeno trae consigo un dilema que muchos ilustradores, tanto emergentes como experimentados, sienten en carne propia: la pasión por crear y crecer versus la necesidad de sobrevivir en un entorno saturado.
El auge de la ilustración y la saturación del mercado
Hace una o dos décadas atrás, dedicarse a la ilustración era un camino reservado exclusivamente para quienes estudiaban artes plásticas, diseño gráfico o animación. Hoy, en cambio, existen carreras universitarias y técnicas enfocadas exclusivamente en ilustración, además de una infinidad de cursos en línea que democratizan el acceso al aprendizaje.
Si bien esto es positivo porque amplía oportunidades, también genera un problema evidente: cada vez hay más ilustradores intentando destacar en un espacio donde la atención es limitada. (refiriéndome a las redes sociales y su ya conocida saturación)
El resultado es que el trabajo artístico se percibe como un hobby más que como una profesión, y conseguir un pago justo se vuelve una batalla cuesta arriba.
El dilema del ilustrador: proyectos personales vs. ventas rápidas
Para muchos ilustradores, la verdadera formación no ocurre en los cursos o en sus aulas universitarias, sino en los proyectos personales que hacen. (historietas, novelas gráficas, artbooks o tiras cómicas). Estos trabajos requieren meses o incluso años de dedicación, sin que exista una garantía de ingreso inmediato.
Un ejemplo claro es el de quienes crean historietas tradicionales. Una sola página puede implicar más de una semana de bocetos, entintado, color y corrección. Ese esfuerzo raramente se paga al momento, y obliga a preguntarse: ¿vale la pena dedicar tanto tiempo a algo que, de entrada, no da ingresos?
En paralelo, está la otra cara: los productos más vendibles a corto plazo (prints, comisiones rápidas, stickers, fanarts). Estos ofrecen cierto alivio económico, pero suelen alejar al artista de lo que realmente lo hace crecer en su estilo y técnica.
¿Es posible encontrar un equilibrio?
Aunque la situación parezca desalentadora, existen caminos intermedios que permiten sostenerse sin renunciar al crecimiento personal:
1. Diversificación de ingresos
No depender de una sola vía. Algunos ilustradores combinan ventas en línea (Etsy, Gumroad, Ko-fi) con talleres, Patreon o colaboraciones editoriales. No todas generan grandes ingresos, pero sumadas construyen estabilidad.
2. Proyectos escalonados
En lugar de embarcarse en una novela gráfica de 200 páginas, se puede iniciar con capítulos cortos o micro-historietas. Publicarlas en redes o blogs ayuda a crear comunidad y testear la respuesta del público.
3. Visibilidad estratégica
Plataformas como Amazon KDP muestran un caso extremo: autores que ofrecen su libro ilustrado gratis por meses para conseguir reseñas. No siempre es ideal, pero refleja algo clave: hoy la visibilidad pesa tanto como la calidad inicial. Un plan de difusión es tan importante como la obra misma.
4. Construcción de marca personal
La diferencia entre perderse en la multitud o destacar suele estar en la identidad artística. No basta con “dibujar bien”; se trata de transmitir un estilo reconocible, coherente y emocionalmente conectivo.
Ejemplos que inspiran
1. Liniers (Ricardo Siri)
Comenzó publicando sus tiras en el diario La Nación, donde su serie Macanudo se volvió un fenómeno por su humor tierno, absurdo y poético. Con el tiempo expandió su obra a libros, colaboraciones internacionales (The New Yorker, Patricio Rey), y hoy tiene una sólida presencia en Instagram compartiendo tanto su arte como proyectos editoriales.
Liniers empezó publicando de manera independiente y en medios locales hasta que Macanudo encontró su público y se expandió internacionalmente.
El libro que te recomiendo leer: Macanudo 1 (2002) Es el inicio de su serie más reconocida, donde aparecen Enriqueta, Fellini, los duendes y muchos personajes que marcaron a toda una generación.
2. Rius (Eduardo del Río, 1934-2017)
Fue uno de los grandes caricaturistas e historietistas mexicanos, con series como Los Supermachos y Los Agachados, donde mezclaba humor con crítica política y social. Su estilo sencillo y directo lo hizo accesible a un público enorme, convirtiéndolo en referente de la historieta de conciencia social en Latinoamérica.
Rius usó la historieta como vehículo de ideas políticas y sociales en un contexto difícil, y con perseverancia construyó una voz única que terminó marcando a generaciones.
El libro que te recomiendo leer: Los Supermachos (1965) En la que mezcla humor popular con una fuerte crítica política y social de México.
3. Alberto Montt
Ilustrador y humorista gráfico, conocido por su serie Dosis Diarias, que desde 2006 publica en internet y luego en formato libro. Su humor filosófico, cotidiano y muchas veces existencial le ganó una gran audiencia en toda Latinoamérica, y su Instagram es uno de los más seguidos en el ámbito de la ilustración y la tira cómica.
Alberto Montt comenzó publicando en internet casi como un experimento personal (Dosis Diarias), y a fuerza de consistencia, humor y conexión con la audiencia, logró convertirlo en un proyecto editorial y digital de gran alcance.
El libro que te recomiendo leer: Dosis Diarias (2012, recopilación) que es un compendio de sus tiras digitales con humor filosófico y existencial.
4. Ilustradores de Etsy: muchos empiezan con productos pequeños como stickers o calendarios ilustrados, y luego expanden hacia artbooks y colaboraciones.
Estos casos muestran que el camino no es rápido, pero sí posible si se combina pasión, estrategia y persistencia. Hay miles más en latinoamérica que podría mencionarte.
Conclusión: el valor de ilustrar en tiempos difíciles
Vivir de la ilustración en un mercado saturado es un reto enorme, pero no imposible. Requiere aceptar que el proceso es lento, diversificar fuentes de ingreso y, sobre todo, no perder de vista lo esencial: la pasión que llevó al artista a dibujar en primer lugar.
El equilibrio entre proyectos personales y ventas rápidas no es fácil, pero puede lograrse con una estrategia clara y una visión a largo plazo. Y quizás, en medio de la multitud de cuentas nuevas y de la competencia feroz, la verdadera diferencia radique en algo simple pero difícil de sostener: seguir creando con autenticidad, aunque nadie esté mirando todavía.
Te dejo el nuevo instagram que he abierto de mi nueva historieta. hablemos por allá:


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